sábado, 30 de mayo de 2015

¿Y tú, qué edad tienes?


De las preguntas más absurdas que nos pueden hacer en la vida es qué edad tenemos. Porque no nos da ninguna pista de a quién tenemos delante. Yo la verdad es que no lo sé. Ni me importa. Porque lo importante no es cuantos años tenemos, sino en cuantos de ellos hemos vivido.
Yo prefiero decir que tengo 42 miradas en el metro que me han hecho sonreír. Tengo 2 “te quiero” suicidas que dije sabiendo que quien tenía delante no me quería a mi. También tengo 14 abrazos inolvidables, 3 de ellos irrepetibles porque quien me los dio ya no está. Tengo unos 35 “lo siento” de los cuales 8 jamás me perdonaron. Tengo 6 noches de hospital al lado de alguien que me importaba y 7 madrugadas pensando en una persona a quien no le importaba yo. Tengo unos 5.200 besos, pero solo me acuerdo de 6. Tengo 4 veranos que fueron infinitos y 3 inviernos demasiado fríos. Y solos. Y tristes.
Tengo 25 noches sin dormir y algunas lágrimas gastadas en cosas que no importaban. También tengo 4 lágrimas muy amargas invertidas en algo que merecía llorar durante años. Tengo 150 carcajadas de esas que hacen que te falte el aire y 10 sonrisas por compromiso. Tengo 9 deseos de infancia que se dan de hostias con las promesas que nunca cumplí. Tengo 3 consejos recibidos que entendí mucho tiempo después. Tengo unas 12 camas donde me acosté sin querer estar y 4 donde hubiera matado por despertar. Tengo 5 errores que volvería a cometer y 2 de los que me arrepiento mucho, aunque solo un poco. Tengo miles de cenas, pero pocas como aquellas 3. Y tengo 43 escalofríos que me han recorrido el cuerpo entero. 120 conciertos, 350 películas… y no soy capaz de contar las canciones. Tengo 31 tardes comiendo pipas en un parque viendo la vida pasar con mis amigos. Y 500 tardes más recordándolas unos años después. Tengo 5 adioses. En dos de ellos nunca quise despedirme en realidad. Tengo tantas cosas por decir que nunca diré y tantas que me tendría que haber callado…
Para quién quiera saberlo, esa es mi edad.
Y no tengo ni puta idea de en cuántos años cabe eso.
-Enric Sánchez.

domingo, 24 de mayo de 2015

Me llama la atención y envidio a esas personas que se enamoran con facilidad y olvidan con rapidez.
Solo me he enamorado una vez.
Solo he querido una vez.
Solo he dicho "te quiero" a una persona.
Y dos años más tarde no me veo capaz de decírselo a nadie más.
Puede ser rechazo, miedo al dolor. O simplemente que no me enamoro con facilidad.
¿Cómo vas a decir "te quiero" a alguien cuando no lo sientes?
Envidio a esas personas que lo pueden hacer y se creen sus palabras.
Y ha habido otros después de ti, pero a ninguno he querido.

Como decía el gran maestro "otras me ven sin ropa, y tú desnudo"

Y aun así

Hace mucho tiempo ya, y aun así hay veces que se me escapa una lágrima.
No te equivoques, no siento nada hacia ti ni lo volveré a sentir. Esas lágrimas tímidas que se me escapan son recuerdos, recuerdos de lo que fuimos, de lo que queríamos ser, y de lo que rompiste.
Y aun así, no querría volver a estar contigo, no. He vivido tantas cosas que ni podría haber imaginado estando contigo...
Y aun así hay lágrimas.
No te sientas importante, "no es por ti, es por mi". Desgraciadamente soy una de esas pocas personas que quedan hoy en día que quieren de verdad. Que se enamoran de verdad, y que por tanto nunca olvidan.
De esas que aman con el alma.
Esto me pasa por leer tanto a Bécquer.

martes, 12 de mayo de 2015

Las de carácter libre y personalidad fuerte

Me gustan las personas que son tempestades. Las que arrasan con tus principios y destruyen tus verdades al pasar. Las que te dejan sin aliento. Las que te hacen cambiar. Las que no te dejan indiferente.
Me gustan las personas que son torrentes de emociones. Las que te aman con toda su alma cuanto te quieren y te odian con toda su fuerza cuando te dejan de querer. Las que son incapaces de dominar sus pasiones incendiarias. Las que actúan con el corazón en la mano y la cabeza en los pies. Las que avivan tus sentidos e incitan tus ganas de sentir. Las que te hacen llegar al borde del abismo. Las que ponen en peligro tu equilibrio.
Me gustan las personas imperfectas. Las que son únicas en sus defectos y en sus virtudes. Las que son detestadas por sus debilidades y veneradas por sus fortalezas. Las que pretenden ser ellas mismas.
Me gustan las personas que se equivocan porque hacen lo que quieren y no porque hacen lo que se espera de ellas. Las de carácter libre y personalidad fuerte. Las que no se dejan llevar por la corriente. Las que actúan con entereza y rectitud. Las que tienen criterio.
Me gustan las personas que no tienen miedo a nada. Las que se atreven a plantarle cara al riesgo sin importarles la caída. Las que se crecen con los retos. Las que piensan en las victorias y no se dejan vencer por las derrotas. Las que se comportan como héroes a pesar de no ser más que personas.
Creo en las personas que creen en lo que hacen.

Hazme prometer que seré lo que quiero ser. O que moriré intentándolo. Hazme prometer que cada día despertaré buscándome y, cada noche, me dormiré un poco más cerca de encontrarme. Que nunca seré igual a los demás. Que siempre seré yo mismo. Hazme prometer que lucharé por superarme. Que el tiempo me hará crecer en lugar de envejecer. Que cada día seré más grande de lo que fui el día anterior y más pequeño de lo que seré el día que esté por venir. Hazme prometer que perderé sabiendo perder y que ganaré sabiendo ganar. Que nunca tiraré la toalla. Que no volveré a cometer los mismos errores. Que no tropezaré en las mismas piedras. Hazme prometer que nunca esperaré por nadie. Que nunca daré un paso atrás. Que tendré la valentía de seguir hacia adelante aunque duela. Que sabré olvidar. Hazme prometer que sabré reír y que sabré llorar. Que sabré querer y que sabré odiar. Que haré feliz a quien comparta mis días. Hazme prometer que nunca prometeré nada que no pueda cumplir y que cumpliré todo lo que prometa. Hazme prometer que nunca te fallaré. Y, sobre todo, hazme creer en mis promesas.

Era necesario un labado de cara.